Volviendo al tema de la necesidad de formar a los profesores en el uso de las TIC para su empleo en el proceso educativo, creo que hay que distinguir dos áreas de actuación:
La incidencia de las TIC en la metodología de la enseñanza. Se trata de un campo de estudio e investigación que como cualquier otro atrae a grupos de profesores que estudian y analizan con mirada de expertos la integración de la tecnologías en la educación y van a plantear teorías, realizar investigaciones y proyectar los resultados en su entorno. Estoy convencido de que la sistematización de estos conocimientos puede ser útil, el campo de estudio es apasionante y los resultados van a incidir positivamente en la mejora de la enseñanza.
Este campo de estudio que cada vez atrae más atención de expertos en educación, psicólogos y sociólogos constituyen un colectivo no mayor que el de expertos de cualquier otro campo científico y técnico. Van surgiendo cursos de especialización, cursos de postgrado tipo Maestría y es posible que en un futuro no lejano vaya aumentado el número de tesis doctorales sobre el tema. Si se evita el clásico teoricismo endogámico es probable que este conjunto de expertos constituyan un elemento promotor muy importante para la integración de las TIC en la enseñanza.
El empleo de las TIC en la enseñanza de cualquier materia. Con ello nos referimos a una actividad de aplicación de las TIC por profesores de cualquier tipo de contenido que no desean convertirse en expertos de las tecnologías y que no tienen mayor interés en el análisis del fenómeno sino en servirse de las TIC para su labor de enseñanza sin mayores complicaciones. En este caso estamos hablando de cientos de miles de profesores de todo tipo y nivel
En lo que sigue quisiera dedicar mis consideraciones a ellos.
Desde el punto de vista del empleo de las TIC ya hemos destacado una serie de carencias y de posibles iniciativas que me gustaría resumir en forma de recomendaciones:
* La experiencia aconseja evitar como escenario para iniciar las aplicaciones de las TIC el campo de la enseñanza reglada. La compleja organización docente y el hecho de que estamos hablando generalmente de universidades presenciales hace de la formación continua y de postgrado un colectivo mucho más adecuado y prioritario para estas aplicaciones. Existe mayor motivación, se resuelve un problema real y en general los colectivos tienen un poder adquisitivo que facilita la adquisición del equipamiento mínimo imprescindible.
* Es importante poner en marcha iniciativas de agrupamiento de profesores interesados por estos problemas en un área de conocimientos. La situación mejora cuando puede fluir información de unos profesores a otros y se pueden beneficiar de las experiencias realizadas en otros centros. De los grupos que hemos promovido en la UPM, dos de ellos están dando resultados que consideramos positivos, el Grupo TAEE, que integra a profesores interesados en la aplicación de las tecnologías a la enseñanza de la Electrónica y el Grupo dedicado a la aplicación de las TIC a la enseñanza de Inglés.
* Los profesores que sienten interés por el tema necesitan contar en su Universidad con algún tipo de unidad de apoyo que actúe de interlocutor en el tema y les preste apoyo concreto y personalizado para facilitar su aproximación al tema, en particular ofreciendo información y asistencia técnica.
* Es necesario contar con el apoyo institucional de cada universidad para ir logrando poco a poco el reconocimiento y la valoración por parte de las autoridades académicas de este trabajo para el currículum profesional de los profesores, si bien con todas las garantías exigibles de seriedad.
La experiencia indica que es preciso contar con apoyo y asistencia para respaldar al profesor que tiene deseos de realizar una experiencia y que no desea convertirse en un experto sobre las TIC.
Esta necesidad de apoyo y asistencia, recogiendo las consideraciones anteriores, podemos concretarlas en:
Información actualizada aplicable a "su caso"
Ayuda para el diseño de la experiencia que se propone realizar.
Asesoramiento para la elección de las tecnologías más convenientes, si cabe elección.
Aprendizaje y familiarización del empleo de los sistemas que vayan a utilizarse, fundamentalmente videoconferencia sobre la RDSI y tutoría telemática. Esto implica revisar la metodología de trabajo, aprendizaje del trabajo off-line, asignación de tareas, evaluación de estudiantes, seguimiento.
Ayuda para la producción del material didáctico a utilizar en las sesiones.
Acceso a Internet y familiarización con su empleo para las actividades del curso.
Soporte técnico durante el curso, especialmente en las primeras experiencias
Formación de los usuarios, si es necesario, en el uso de los sistemas para garantizar el buen resultado de la experiencia.
Ayuda en los aspectos organizativos del curso que dependan de los profesores, entre ellos los aspectos relativos a la gestión de esta modalidad de enseñanza y el tema de la confidencialidad
La cuestión que se nos plantea es si este tipo de ayuda y apoyo debe adoptar la forma de un curso de preparación, palabra que me parece más correcta que la de formación o hay que buscar otras modalidades de prestación de este apoyo, que en mi opinión se debe aproximar mucho más a la idea de prestar unos servicios educativos que al concepto de impartir una formación.
Un técnico especializado en mecánica del automóvil necesita cursos de formación para dominar dicha materia. Un usuario del automóvil necesita ayuda para aprender a conducir, unas someras nociones de lo que está ocurriendo dentro y contar con unos servicios de asistencia técnica para resolverle los problemas. Un usuario de un sistema de telecomunicación no necesita grandes cursos de formación para su uso, sino una ayuda inicial, instrucciones claras y practicar un poco.
En el mismo sentido, a partir de la experiencia adquirida creemos que los profesores necesitan las ayudas citadas no en forma de cursos de formación o entrenamiento sino a través de su participación en experiencias demostrativas que les faciliten tanto el acceso fácil al uso de los equipos, como la ayuda al diseño y puesta en marcha de aplicaciones concretas y, que le asegure la asistencia técnica durante la experiencia
En mi opinión, basada en las experiencias realizadas en el marco de los proyectos europeos la iniciativa más urgente en nuestro país es poner en marcha una serie de experiencias piloto con carácter demostrativo que de una respuesta a las necesidades planteadas anteriormente. Para ello mi propuesta es iniciar las experiencias en dos escenarios concretos :
Creación de un campus virtual interuniversitario. Experiencias de tele-educación desarrolladas por un consorcio o grupo de universidades para el desarrollo de cursos cortos de actualización en diversos temas, a nivel de postgrado y apoyandose en tecnologías como la distribución de clases vía satélite o cable y la videoconferencia por RDSI. Este tipo de experiencias permitiría evaluar las posibles ventajas de las tecnologías, ir creando grupos interuniversitarios de profesores interesados y poner en marcha en cada universidad las unidades de apoyo que decíamos antes.
Impartición de cursos de postgrado y actualización dirigidos a la formación continua de profesionales en ejercicio. Este tipo de cursos impartidos desde una universidad y dirigidos a los profesionales del entorno de la universidad permitirían los ensayos necesarios para impartir clases "desde" la universidad en vez de "en" la universidad. Para este tipo de experiencia sería deseable contar con el apoyo y patrocinio de empresas e instituciones para evaluar los resultados de la aplicación en los entornos reales en que va a tener lugar la enseñanza
La participación de profesores en este tipo de experiencias, ha permitido en otros países la creación de unos primeros núcleos interesados en el tema y cercanos a la realidad del entorno en que se imparten las enseñanzas, de sus problemas de infraestructura y de las insospechadas dificultades que se encuentran en la adaptación de los contenidos al nuevo sistema de impartir las clases, al tiempo que tiende a valorar las posibilidades reales de las tecnologías para resolver problemas concretos de personas con necesidades reales, huyendo del habitual discurso milagrero sobre el vertiginoso desarrollo de las tecnologías que nos van a resolver todos los problemas de la enseñanza, incluso los que no hemos sido capaces ni de plantear.
Creo sinceramente que la puesta en marcha de este tipo de apoyo a los usuarios que denominaría servicios de tele-educación, puede ser un eslabón fundamental para promover y favorecer la integración de las TIC en la enseñanza. Este primer paso unido a la existencia de profesores especializados en los aspectos metodológicos pueden constituir el motor que en este momento está faltando, con carácter general, en nuestra comunidad universitaria
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